Priscilla Monge González
Integra una base cognitivo-conductual con orientación familiar y recursos ajustados a la etapa de desarrollo.
Hay niños que desean jugar, participar, acercarse a otros o hacer amigos, pero se activan con demasiada intensidad cuando sienten que pueden ser observados, evaluados o quedar expuestos. En Clínica Casa Bienestar acompañamos estos procesos desde una mirada sensible, respetuosa y basada en evidencia.
Si todavía no está claro si lo que ocurre corresponde a ansiedad social infantil, ansiedad por separación, ansiedad generalizada, pánico u otro tipo de ansiedad, puede revisarse la página madre de terapia para ansiedad en Costa Rica.
A veces, desde afuera, puede parecer que un niño es simplemente tímido, muy callado o poco sociable. Sin embargo, en algunos casos lo que ocurre por dentro es una experiencia de tensión, vergüenza, inseguridad o miedo frente a situaciones en las que siente que podría equivocarse, no saber qué hacer o quedar mal ante otros.
Esto puede aparecer al entrar al aula, responder una pregunta en clase, acercarse al recreo, llegar a un cumpleaños, saludar a otros niños, hablar con adultos o intentar entrar a jugar. En algunos casos predomina la ansiedad; en otros, también hace falta fortalecer habilidades sociales específicas.
Consultar no significa etiquetar al niño demasiado pronto. Significa entender mejor qué está pasando y definir una ruta de apoyo más ajustada.
Solicitar orientaciónPuede costar responder en clase, exponer, pedir ayuda, leer en voz alta o acercarse a una actividad grupal.
A veces el niño desea jugar o hacer amigos, pero se queda paralizado, al margen o pegado al cuidador.
Madres, padres o cuidadores pueden necesitar ayuda para apoyar sin presionar en exceso ni reforzar la evitación.
Algunas niñas y niños tienen un temperamento más reservado, y eso no necesariamente implica un problema. La diferencia suele estar en la intensidad del miedo, la persistencia del malestar y el impacto que esto tiene en la escuela, el juego, las amistades, la participación y el bienestar emocional.
Puede formar parte del temperamento. Suele ser más leve, más situacional y no necesariamente limita de forma importante la escuela, el juego o las amistades.
Implica un miedo más intenso y persistente ante situaciones sociales o de exposición. Puede generar bloqueo, evitación, sufrimiento y pérdida de oportunidades para participar con tranquilidad.
En algunos casos, además del miedo, conviene fortalecer recursos como iniciar contacto, pedir entrar al juego, expresar necesidades, sostener conversación o defenderse con más seguridad.
Conviene buscar apoyo cuando el miedo social afecta la escuela, el juego, las amistades, la participación cotidiana o la confianza del niño; cuando evita experiencias que sí quisiera vivir; o cuando la familia siente que el malestar ya no se explica solo por una etapa de timidez.
También conviene consultar cuando aparecen tensión física, dolor de estómago, llanto, bloqueo, vergüenza intensa o mucho nerviosismo antes de situaciones sociales, escolares o grupales.
Se comprende en qué momentos aparece el malestar, cómo se expresa la ansiedad y qué factores emocionales, relacionales o contextuales pueden estar influyendo.
Se ayuda al niño a reconocer miedo, vergüenza, inseguridad y tensión social de formas acordes con su edad y capacidad de comprensión.
Cuando el caso lo necesita, se trabajan recursos como iniciar contacto, pedir entrar al juego, expresar necesidades y sostener intercambios con mayor confianza.
Se orienta a madres, padres o cuidadores para apoyar sin invalidar, sin presionar en exceso y sin reforzar sin querer la evitación.
No se trabaja desde la idea de forzar al niño a soltarse. Se busca construir seguridad, confianza y experiencias progresivas de participación que realmente pueda sostener.
Según el caso, puede ser útil integrar observaciones familiares, escolares o de otras personas cuidadoras para comprender mejor el contexto del niño.
Para familias, dar el primer paso puede generar dudas: si se trata de timidez, ansiedad social, habilidades sociales, etapa del desarrollo o una dificultad escolar. Por eso, la orientación inicial busca ordenar la ruta sin presión.
Se pregunta la edad del niño o niña y el motivo principal de preocupación.
Se revisa si el malestar aparece en escuela, juego, cumpleaños, familia o actividades sociales.
Se valora si conviene psicología infantil, orientación familiar, habilidades sociales o evaluación inicial.
Se informa disponibilidad, modalidad y tarifa para agendar si la familia desea avanzar.
El equipo ofrece atención infantil en distintas zonas de Costa Rica y modalidad virtual. La elección depende de la edad, el motivo de consulta, la sede, las necesidades familiares y si se requiere terapia, orientación a cuidadores o evaluación clínica.
Integra una base cognitivo-conductual con orientación familiar y recursos ajustados a la etapa de desarrollo.
Acompaña a niños y familias desde ACT, PAF/FAP y psicoeducación, con experiencia clínica y educativa.
Brinda atención a niños y familias con una práctica estructurada basada principalmente en TCC y TREC.
Integra TCC, caja de arena, LEGO terapia y recursos de estimulación temprana en niñez y adolescencia.
Integra TCC, DBT, arteterapia, caja de arena y terapias contextuales en procesos infantojuveniles.
Acompaña niñez y familias desde una práctica cognitivo-conductual, estructurada y cercana.
Integra psicología clínica, neuropsicología, TCC y EMDR según la necesidad del niño y la familia.
Integra TCC y TREC para acompañar procesos infantiles con estructura, claridad clínica y trabajo con la familia.
Su perfil combina psicología y psicopedagogía cuando se cruzan bienestar emocional, conducta, aprendizaje y vida familiar.
Puede orientar cuando es necesario comprender mejor el perfil del niño y diferenciar necesidades emocionales, conductuales o del desarrollo.
Si no está claro con cuál psicóloga iniciar, puede solicitarse orientación según la edad, el motivo de consulta, la sede y la modalidad que necesita la familia.
Recibir orientaciónAlgunas familias llegan por timidez, otras por ansiedad social, habilidades sociales, dificultad para entrar al juego o miedo a participar. Estos recursos ayudan a ubicar mejor la necesidad.
No necesariamente. La timidez puede formar parte del temperamento. La ansiedad social suele implicar más miedo, bloqueo, evitación y mayor impacto en la vida cotidiana.
No necesariamente. A veces el miedo bloquea recursos que sí existen. En otros casos, además del miedo, conviene fortalecer habilidades específicas para relacionarse con más confianza.
Sí. En infancia, el acompañamiento a madres, padres o cuidadores suele ser una parte importante del proceso terapéutico.
Sí. Cuando el caso lo requiere, se trabajan recursos relacionales de forma respetuosa, gradual y adaptada a la etapa del desarrollo.
Conviene consultar cuando el miedo social afecta la escuela, el juego, las amistades, la participación cotidiana o la confianza del niño, o cuando la familia nota que el malestar ya no se explica solo por timidez.
A veces significa comprender mejor qué está pasando, ayudarle a sentirse más seguro y construir paso a paso experiencias relacionales que sí pueda sostener. Si el miedo social, la evitación o la dificultad para relacionarse ya están afectando su bienestar, consultar puede ser un primer paso valioso.